Así es el viaje de nuestras orellanas: del cultivo al empaque

Detrás de cada orellana Bi8 Fungi que llega a tu cocina, hay una historia de cuidado, tiempo y transformación. No es solo un producto que se cosecha y se empaca: es el resultado de un proceso natural, artesanal y profundamente humano.

Hoy te invitamos a recorrer el camino que siguen nuestras orellanas, desde el momento en que son sembradas hasta que llegan, deshidratadas, listas para inspirar tus recetas.

Todo comienza con un buen sustrato

En Bi8 Fungi nada se desperdicia. El punto de partida son residuos agrícolas —como bagazo de caña o cascarilla de café— que transformamos en el hogar perfecto para que crezcan nuestras orellanas.

Este sustrato se prepara cuidadosamente y luego pasa por un proceso de pasteurización, que elimina cualquier bacteria o contaminante. Solo así garantizamos que el hongo crezca sano, fuerte y en condiciones óptimas.

Es un proceso limpio, natural, donde incluso los desechos se vuelven vida.

Incubación: la magia que no se ve

Una vez sembrado el micelio (la «semilla» del hongo), los paquetes incuban en un espacio oscuro, cálido y húctedo. Durante varias semanas, el micelio coloniza el sustrato, extendiéndose como una red silenciosa y vital.

No hay afán. Aquí la naturaleza lleva el ritmo. Y nosotros simplemente acompañamos.

En esta etapa no hay cosecha aún, pero todo el potencial ya está allí, creciendo en silencio.

Fructificación: el nacimiento visible

Cuando el micelio está listo, se traslada a una sala de fructificación con luz, ventilación y humedad controladas. Es en este momento cuando aparecen las primeras orellanas: gruesas, frescas, de colores claros y aroma suave.

Durante días, las observamos, giramos, hidratamos. Solo se cosechan cuando tienen el tamaño, textura y consistencia ideales. Esto no lo hace una máquina. Lo hacen personas que entienden cómo se ve una orellana perfecta.

Cada cosecha es única. No hay dos lotes iguales, y eso lo hace especial.

Deshidratación: concentración de sabor y vida útil

Una vez cosechadas, las orellanas pasan a nuestra etapa final: la deshidratación lenta a baja temperatura, un método que preserva:

  • Su forma y textura.
  • Su sabor concentrado.
  • Sus nutrientes naturales.


Este proceso puede tardar hasta 12 horas, y es clave para garantizar que el producto final tenga larga vida útil sin conservantes.

Lo que recibes no es un hongo cualquiera. Es una orellana que ha sido cuidada desde el día uno.

Empaque: sencillo, limpio y con propósito

Nuestras orellanas llegan a tu cocina en un empaque pensado para conservar, proteger y reflejar lo esencial:

  • Transparente: para que veas lo que estás comprando.
  • Reutilizable y práctico.
  • Sin plástico innecesario.


Y detrás de cada etiqueta, cada código, hay personas que seleccionan, sellan y empacan a mano. Porque creemos que el producto final también habla de la manera en que fue tratado.

No creemos en los productos sin alma.

Cada orellana Bi8 Fungi es el resultado de una cadena de trabajo honesto, artesanal y consciente. De una relación con la tierra que respeta los ciclos, de una comunidad que cree en lo que hace, y de una marca que no busca vender rápido… sino cultivar un cambio, un plato a la vez.

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